Historia:
La evolución del tacón
La evolución del tacón
En 1533 nació el zapato de tacón, un calzado que sólo servía el propósito de vanidad y belleza. A los 15 años, la pequeña Catalina de Medicis llevó tacones a la corte francesa cuando se casó con el Duke d’Orleans; pronto fueron amados y admirados por las nobles parisinas.
No fue hasta 1700, que el tacón de cinco pulgadas (12.7 cm ) se volvió popular entre las mujeres europeas.
El rey de Francia, Louis XIV, usaba tacones de dos a cinco pulgadas y decorados con escenas de batallas. Sin embargo, cuando la monarquía francesa cayó, también lo hizo la altura de los zapatos y Napoleón eliminó los tacones en defensa de la igualdad.
No obstante, María Antonieta, determinada a lucir bien hasta el final, desafió la orden de Napoleón y usó tacones el día de su ejecución. A partir de ese momento, el alto de los tacones osciló dependiendo de la moda y la política.
A mediados de 1900´ s y en 1988, el tacón alto volvió a dominar la moda y en los años cincuenta nació el stiletto, uno de los milagros de la tecnología moderna del calzado; la arquitectura del stiletto es tal, que un tacón del alto de un lápiz (y más delgado imposible!) puede sostener y balancear todo el peso del cuerpo.
Desde entonces, los tacones altos se han mantenido populares y en el último medio siglo se han convertido en un tema controversial.
La segunda ola feminista rechazó los estándares de “belleza femenina” alegando que las mujeres eran forzadas a usar tacones por las representaciones sociales y los mensajes mediáticos controlados por el hombre; los tacones fueron atacados junto a otros objetos estéticos de género.
La segunda ola feminista rechazó los estándares de “belleza femenina” alegando que las mujeres eran forzadas a usar tacones por las representaciones sociales y los mensajes mediáticos controlados por el hombre; los tacones fueron atacados junto a otros objetos estéticos de género.
Sin embargo, fue en los ochentas que los tacones fueron reivindicados como una opción personal y fuente de poder femenino; vestirse, maquillarse, jugar con la identidad no es una respuesta a la opresión o a la mirada masculina, lo hacemos por nosotras mismas. Nancy Friday, autora de “The Power of Beauty”, escribió que usamos tacones “por la imagen de nosotras mismas como mujeres sexys y en control, un propósito extraordinariamente satisfactorio”.
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